Tradición agrícola inglesa de varios siglos de antigüedad, la paja de cebada actúa por oxidación lenta de sus fibras al contacto con el agua y los UV. El proceso libera peróxido de hidrógeno en muy pequeña cantidad, suficiente para inhibir el crecimiento de las algas unicelulares.
Cuente con 200 a 300 gramos de paja por metro cúbico de agua, colocados en una bolsa de red flotante. Renuévela cada 2 a 3 meses. Conviene introducirla idealmente a principios de primavera, cuando la temperatura del agua alcanza los 10 °C.
Este método es 100 % natural, biodegradable, inofensivo para los peces y las plantas. Actúa más en prevención que en curación.