Gestión : pH y EC, los dos indicadores vitales
Allí donde el hortelano en tierra dispone de un suelo que amortigua sus errores, el hidroponista gestiona en directo. Sin amortiguación, cada desviación de la solución repercute en pocas horas sobre la planta. Dos parámetros concentran todo el dominio del sistema : el pH, que determina si los nutrientes son asimilables, y la EC, que mide su cantidad. Comprender bien su papel es la mitad del oficio.
El pH : la clave de la asimilación
El pH mide la acidez de la solución en una escala de 0 a 14. En hidroponía pura, la zona de confort de las plantas se sitúa entre 5,5 y 6,5, es decir, claramente más ácida que en plena tierra, donde se busca más bien de 6,5 a 7. Fuera de este rango, algunos elementos se vuelven invisibles para la planta aunque estén físicamente presentes en el agua : el hierro se bloquea por encima de 6,5, el calcio y el magnesio por debajo de 5,5. Una planta que amarillea en una solución correctamente dosificada sufre casi siempre de un pH desviado. La corrección se realiza mediante la adición progresiva de pH down (acidificante) o pH up (basificante), con un control diario con el medidor de pH, muy recomendable en todo sistema activo.
La EC : el indicador de combustible
La EC (conductividad eléctrica) traduce la concentración de sales minerales disueltas, expresada en milisiemens por centímetro (mS/cm). Es el equivalente de un indicador de combustible : demasiado baja, la planta está subalimentada ; demasiado alta, sufre un estrés osmótico y se quema en los extremos de las hojas. Los valores objetivo varían según la fase y la especie : 1,0 a 1,4 mS/cm para lechugas y hierbas aromáticas, hasta 2,0 a 2,5 mS/cm para tomates en plena fructificación. Una medición cada dos o tres días, completada con un cambio completo de solución cada semana, basta para mantener el equilibrio. Llevar un diario de estos registros es la mejor escuela para convertirse en un hidroponista preciso.