La carencia de hierro es sin duda la más extendida. Se manifiesta por un amarilleo marcado de las hojas jóvenes, mientras que los nervios permanecen verdes. Este fenómeno, llamado clorosis férrica, suele estar relacionado con un pH demasiado alto que bloquea la asimilación del hierro.
Aunque este mineral esté presente en el agua, las plantas ya no logran absorberlo. Por lo tanto, es importante mantener su pH entre 6 y 7,5. Si esto no basta, puede utilizar hierro quelado DTPA 11%, que es una solución ideal : permanece estable hasta pH neutro, no altera el color del agua y resulta perfectamente adecuado para los sistemas acuapónicos.
El potasio es también una fuente frecuente de desequilibrio. Cuando falta, las hojas presentan bordes resecos o quemados, y los tallos se vuelven más frágiles, haciendo que las plantas sean vulnerables a las enfermedades y a las variaciones climáticas. Para corregir esta carencia, la adición de bicarbonato de potasio resulta especialmente interesante, ya que actúa también como regulador de pH.