Enero es el mes de la preparación invisible. El sistema aún está en ralentí, pero es el momento de anticipar la temporada siguiente.
Es la ocasión ideal para verificar los parámetros básicos, poner el equipo a punto si es necesario y planificar los próximos semilleros. Algunos semilleros fuera del sistema pueden iniciarse a finales de mes, para llegar a febrero con ventaja sin precipitar la reanudación.
En cuanto al agua, los controles siguen siendo espaciados pero regulares: pH, KH y nitritos son suficientes para confirmar que el biofiltro aguanta. A baja temperatura, las bacterias trabajan despacio y los peces comen poco. Una alimentación reducida, ajustada a su apetito real, evita acumular residuos que la filtración ya no podría absorber.
En cuanto al material, enero es el único mes en que se puede intervenir sin perturbar una producción en curso. Compruebe las juntas, los racores y el caudal de la bomba, proteja del hielo las canalizaciones expuestas y limpie la filtración mecánica sin tocar nunca los soportes bacterianos.
Por último, es el momento de trazar el plan de la temporada: elección de variedades, orden de las rotaciones, estimación de las superficies disponibles. Un semillero de lechugas o aromáticas iniciado bajo calor a finales de mes dará plantas listas para trasplantar en cuanto el sistema se reactive.