Hay que distinguir dos rangos que no se solapan, y ese es el problema del verano en acuaponía. Para la planta, las publicaciones hortícolas sitúan el crecimiento vegetativo óptimo de la lechuga en torno a 15-18 °C, con un régimen ideal de noches frescas cercanas a 10 °C y días que no superen los 20 °C. Varios días consecutivos por encima de 24 °C bastan para desencadenar la floración en muchas variedades, y los documentos dedicados a la acuaponía señalan que la lechuga se vuelve amarga por encima de 26 °C.
Para el sistema, el rango de trabajo habitual se sitúa entre 18 y 26 °C de agua, con un pH próximo a 6,8-7,2. Dicho de otro modo, un agua perfectamente aceptable para sus peces y sus bacterias puede estar ya en el límite de lo que la lechuga tolera. No existe ningún ajuste que satisfaga a todos en julio.
La consecuencia práctica es sencilla de retener. No se trata de enfriar el sistema hasta el óptimo de la lechuga, pues sería perjudicial para los peces y muy costoso energéticamente. Se actúa sobre el aire y la radiación, mediante sombreo y ventilación, y se acepta cambiar de cultivo cuando la ventana se cierra.